No significa imponer una doctrina hebrea sobre el texto. Significa devolver el texto al mundo hebreo en el que nació.
Hechos fue escrito en griego, pero buena parte de lo que narra sucede dentro de un universo profundamente hebreo: Yerushalayim, el Templo, las sinagogas, las festividades, las Escrituras de Israel, las discusiones halájicas, las expectativas acerca del Mesías y las tensiones internas del mundo hebreo del siglo I.
Leer ese relato sin ese contexto puede hacer que muchas expresiones parezcan extrañas, secundarias o pertenecientes a categorías religiosas posteriores que todavía no funcionaban de la misma manera para sus protagonistas. Por eso esta edición procura recuperar ese escenario.
Cuando aparece un nombre, una costumbre, una expresión o una discusión cuyo sentido depende del mundo hebreo, el comentario se detiene y lo explica. Cuando el griego conserva un giro que puede reflejar una forma semítica de pensar o hablar, se señala. Cuando el Tanaj está detrás de una frase o de una decisión de los protagonistas, se vuelve a esa fuente.
Esta edición no parte de la idea de que exista detrás de Hechos un supuesto texto hebreo que deba reconstruirse. La traducción se realiza desde los testigos griegos antiguos definidos para esta obra. La Peshitta y los elementos semíticos ayudan a comprender lenguaje, modismos y pensamiento; no se utilizan para fabricar un original que no podemos demostrar.
Tampoco se pretende convertir cada detalle en un secreto oculto ni trasladar automáticamente al siglo I interpretaciones desarrolladas muchos siglos después. Cuando algo pertenece a una tradición posterior, se identifica como tal.
Recuperar el mundo hebreo del relato sin inventarle al texto un mundo que no podemos demostrar.